La urgencia democrática

18 de mayo 2018
Por Jonathan R. Maza. Secretario General de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.
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Vivimos tiempos caóticos en los cuales las certezas de antes parecen ya no sostenerse con la realidad imperante, sin embargo, los anhelos por la restauración de esas viejas certezas animan a muchas personas a buscar refugio en las banderas que se izan como la única opción mágica que nos salvará del caos.

Algunos analistas internacionales hablan del cambio de época, otros atribuyen la naturaleza de este cambio al surgimiento de una nueva revolución tecnológica, pero lo que es cierto es que sea cual sea su origen todos estamos percibiendo que los gobiernos, las empresas y en general las organizaciones ya no son los únicos actores relevantes en la toma de decisiones, incluso en la gestión del poder.

Las pequeñas organizaciones integradas por personas comunes cada vez suelen ser más efectivas en disputarle el poder a las grandes organizaciones tanto en los ámbitos de la política, la economía, la religión y la milicia.

Hoy el cambio de época que ha traído como consecuencia a más personas cada vez más conectadas, más informadas y más activas son quienes a través de pequeñas y medianas organizaciones pueden realizar acciones con una contundencia que antes solo se les atribuía a los gigantes económicos y a las organizaciones sociales con mucho financiamiento.

Sin embargo, también es verdad que estos beneficios de una sociedad hiperconectada e informada no han sido para todos, aún persisten grandes mares de miseria en donde personas sin acceso a nada de estos beneficios de la globalización, permanecen en las condiciones más deplorables tanto materiales como espirituales.

Las desigualdades persisten incluso entre distintas clases en la vida urbana de muchas ciudades del mundo, y en regiones como en América Latina son notorias estas desigualdades de vida y oportunidades.

El anhelo de orden en medio del caos, y de justicia ante las desigualdades suelen ser ideas que casi todas las personas compartimos, pues a quién no le interesaría vivir en una ciudad o en un país justo, donde haya igualdad de oportunidades, donde no tengas que temer por tu seguridad ni la de tu patrimonio.

Sin embrago, en sociedades en donde estos anhelos no se ven reflejados en la realidad son el caldo de cultivo para problemas mucho más graves como la destrucción del tejido social, la falta de organización social, la poca participación de los ciudadanos en la vida pública, el abandono de la política a merced de oportunistas, y finalmente la destrucción de la democracia como la idea de forma de convivencia cívica y política.

La urgencia democrática pasa por la urgencia de la autoorganización de las personas, pero antes por renovar el espíritu que anima a que nos volvamos a reconocer los rostros de unos con otros, volver a reencontrarnos porque los problemas comunes son de todos, míos y de mis vecinos.

Sin la posibilidad de re-unirnos en las cosas públicas que nos afectan, la urgencia ya no será la de construir la democracia y mejorarla, sino de evitar la instauración de la sed autoritaria de los millones de decepcionados con ella. Considero que no es necesario comenzar la construcción de una organización nacional gigantesca, sino de pequeñas organizaciones que desde lo local reconstruyan el espíritu de toda una nación, que le disputen el poder a los gigantes oportunistas que se adueñan de la política y nos devuelvan la esperanza.